Hoy vamos a acercarnos a ese fenómeno llamado Clubhouse. Pero antes…

Dos palabras: Redes Sociales. Te suena, ¿no? Quién más, quien menos, todos tenemos (o hemos tenido) presencia en alguna de las plataformas que, si bien empezaron siendo lo que prometían, paulatinamente fueron convirtiéndose en proveedoras de un entretenimiento cuyo ¿servicio? llegó a ir más allá de su intención inicial, menoscabando (aunque pueda parecer paradójico) su razón de ser y sirviéndonos a día de hoy para consumir contenido rápido que, si acaso, compartiremos con nuestros amigos o seguidores.

No voy a entrar en disquisiciones sobre qué ha pasado; sobre por qué las Redes Sociales parecen fragmentar la socialización física en directo; o sobre cómo han llegado a ser un alivio necesario tanto en tiempos de confinamiento como una vez hemos vuelto a salir a la calle (en detrimento nuevamente de la socialización en directo).

Qué va. Si algo quiero con este artículo es, precisamente, enriquecer ese catálogo de redes que tienes en tu haber y hacerte ver cómo, con algo tan “sencillo” como la voz, podemos tener un contacto real a través de una plataforma que ha dado, da, y dará, mucho que hablar… Nunca mejor dicho.

Y volviendo al concepto que anunciaba al principio:

¿Qué es Clubhouse?

Se trata de una idea, salida de la cabeza de Paul Davison y Rohan Seth, que busca conectar a las personas de una forma más íntima que los textos y el multimedia de la apariencia, pues con estos últimos la comunicación es unidireccional (al menos, en el momento de su emisión). Y es que Clubhouse carece de ambos factores que, a mi parecer, distraen de lo realmente importante en una red social; la interacción humana.

A día de hoy, esta aplicación solo está disponible para iPhone y se accede a ella únicamente mediante invitación. Cada usuario dispone de dos invitaciones que puede “entregar” a quien quiera; que a su vez tendrá la oportunidad de invitar a otras dos personas.

Resulta increíble que algo tan “simple” como esto no se le haya ocurrido a nadie antes, ¿verdad? Bueno, siendo honesto, ya existía, pero no con la misma repercusión que Clubhouse. Debido a su popularidad, y a la inexistencia de una patente, plataformas como Instagram, Twitter y Facebook, ya están desarrollando su propia versión de Clubhouse. ¿Y pueden hacerlo? Por supuesto.

¿Para qué sirve?

Para fardar de coche nuevo, de magdalena (perdón, muffin), o de sufrimiento en la playa, no. Eso seguro.

¿Entonces? Sirve para comunicar. Sé lo que piensas; “para eso sirven las otras redes también”. Tienes razón, pero solo en parte. Plataformas como Facebook, Instagram, Snapchat, TikTok, y un miríada más de compañías, de las cuales algunas ya han pasado a mejor vida, nos permiten realizar una preparación de lo que vamos a publicar.

Clubhouse no te da ese margen. Clubhouse es espontánea naturalidad. Si, por supuesto que puedes prepararte temas; trabajar una inflexión de voz concreta; un tono… Pero la mera improvisación inherente a cualquier conversación te obliga a ser más real. Y si finges, alguien lo notará… No lo dudes.

¿Cómo funciona?

Como la plaza de tu pueblo; como tu bar favorito; como el patio del colegio o la cola del supermercado. Esta aplicación se divide en salas temáticas de un máximo de 5000 participantes. Hay temas de todo. Sea lo que sea aquello de lo que quieres hablar, aquí lo encuentras.

Cada sala está regida por un moderador que da la palabra a un grupo concreto de participantes, o a quien vaya levantando la mano para hablar.

Puede que entres en una sala donde está empezando una conversación, o puede que esta ya esté terminando. Clubhouse no graba las conversaciones para que el público pueda acceder a ellas (las guarda, aunque nadie las pueda escuchar, por si se necesitan como prueba en una investigación). Toda conversación que escuches en esta plataforma, está sucediendo en tiempo real.

El éxito de Clubhouse

A menos de un año desde que apareció por primera vez, esta aplicación ha alcanzado los más de diez millones de usuarios activos en todo el mundo y ha superado los dos mil cuatrocientos millones de dólares de valor en bolsa.

Quizá es el formato; quizá son las personalidades que la han popularizado; quizá es el momento histórico que la ha visto nacer. Sea por el motivo que sea, es cierto que hay una serie de factores que han favorecido su difusión y aceptación.

  • Una menor movilidad geográfica por culpa de la pandemia nos ha obligado a refugiarnos en nuestros hogares y hemos tenido algo de tiempo para la introspección.
  • La exclusividad siempre atrae, y en este caso no iba a ser menos.
  • Sus pioneros son la élite en sus respectivos campos.

Con todo, no resulta sorprendente que triunfe algo que llevábamos años sin hacer: hablar.

En tiempos de emojis, likes y unfollows, habíamos olvidado lo más sencillo.

¿Y qué me aporta?

De entrada, abre tu espectro social. Unos párrafos más arriba he dicho que Clubhouse funciona como la plaza del pueblo; no era broma. Creo que no fallo si aventuro que más de uno coincidirá conmigo en que esta parece la más digna merecedora del título de Red Social. Porque admite una comunicación directa cuyo mensaje se desvanece una vez se ha emitido; solo permanece en la cabeza de quien lo recibe, por lo que es imperativo estar presente en el momento en que la emisión de este mensaje tiene lugar.

Vayamos más allá. No soy sociólogo, y no puedo entrar en detalles desde ese punto de vista.

Pero de Marketing sí puedo hablar, así que voy a abordar la siguiente cuestión;

¿Qué implicaciones tiene Clubhouse desde un punto de vista práctico?

Es cierto que esta aplicación aún está lejos de enfocarse al perfil de las empresas, es difícil (teniendo en cuenta el prisma al que estamos acostumbrados) imaginar una forma de hacer, por ejemplo, publicidad, si pretendemos que esta vaya más allá de la mención incluida en el discurso de alguien.

Pero trabajando con lo que contamos, es bien cierto que podemos construir una presencia en esta plataforma a través del, voy a decir, contenido informativo que ofrece una ponencia o una tertulia acerca de temas concretos (como se hace en las plataformas de podcast). Porque, al igual que el podcasting revolucionó la forma de teníamos de entender la radio; Clubhouse revoluciona la manera que tenemos de entender el podcasting.

Esta plataforma ofrece una serie de ventajas exclusivas de la comunicación en tiempo real. Aunque hablemos para mil personas, se siente de una manera más íntima, sin filtros.

Tanto si quieres perder la timidez, como si quieres trabajar en tu marca personal, es interesante conocer al menos someramente algunas situaciones en que esta aplicación puede trabajar por ti. Al igual que con LinkedIn, puedes construir una fuerte identidad profesional e incluso encontrar trabajo. Nunca sabes quién te puede estar escuchando. Esta aplicación permite conocer más en profundidad a los ponentes y, por ende, empatizar con ellos. No resulta difícil imaginar que, si esto se te da bien, alguien pueda contactar contigo porque algo en tu discurso le llamó la atención.

En mi opinión, los usuarios tienen una herramienta muy poderosa con la que podrían llegar a hacerse un nombre dentro de su área de actuación.

Usémosla.

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