Lo bueno que tienen las Redes Sociales es que han conseguido que los amigos de toda la vida se “sienten y sientan” más cerca de ti, independientemente de la situación geográfica en la que te encuentres. Permiten el contacto diario y continuo con los que antaño no se separaban de ti (ni tu de ellos) en ningún momento.

“¡¡¡Riñón, riñón…!!!!”, gritábamos para juntarnos en petit comité y comentar el chascarrillo de turno. Recuerdo que con nuestras vespinos éramos el terror de la Puerta de la Villa y del recinto de la Asamblea de Extremadura en Mérida, la eterna ciudad en la que tuve el honor de nacer. Unos tiempos de extrema felicidad y despreocupación que recuerdo con mucho cariño. Esto me ha llevado a conservar muy buenas amistades de esa época que, como la hierba, todavía mantengo verde e intento preocuparme de que el paso del tiempo no marchite los brotes en forma de contacto esporádico, llamada o alguna “juerga” que otra.

Es el caso de mi amiga Olalla, una emeritense de pro que emigró a Asturias por cuestiones laborales y… podríamos llamarlo, maritales. Al final, el carismático Abel logró arrastrarla al Principado llevándose con él una princesa que como veréis más adelante, no es nada habitual.

Una princesa que ha logrado abandonar su hogar viendo que la hierba crecía más verde al otro lado de la colina. Antes de marcharse y tras despedirse de sus familiares avanzó durante un tiempo por el desierto teniendo siempre claro y en mente que “el destino baraja las cartas pero tenía que ser ella quién las jugara”.

Al fin encontró su cueva, una acogedora casa en medio de los montes de Asturias…

Este es un fragmento, tristemente adaptado por un servidor, de su primer libro, La Hierba más Verde. Un auténtico lujo editorial con un sello personal incomparable. Me lo regaló en un restaurante estupendo en el que celebré el colofón de toda una semana impartiendo un Curso de Marketing a pocos kilómetro de Gijón. Mereció la pena. Os lo recomiendo. Lo podéis encontrar en la editorial A buen paso. En él encontraréis, como en el frasco de un buen perfume, la esencia de una mujer con la que he tenido el placer de vivir y compartir gran parte de mi adolescencia y juventud.

Enhorabuena Olalla Hernandez Ranz.