Un cliente me ha preguntado esta tarde que no para de oír maravillas de los beneficios de “La Nube”. Que si la nube es genial, que si la nube mantiene la información en todos los dispositivos móviles, que si la nube te asegura la actualización de los archivos, calendarios, notificaciones, etc… “pero Toño”, me decía, “¿qué puñetas es la nube?”

Como consultor de marketing estratégico y operativo de su compañía, le expliqué que en inglés le llaman Cloud Computing y que se trata de un nuevo modelo de prestación de servicios de negocio y tecnología a través de Internet. En definitiva, para muchos de nosotros, la solución perfecta para nuestro día a día.

Gracias a este modelo, se acabó almacenar archivos, profesionales y personales, en ordenadores, discos duros y pen drives. Ahora se almacenan… por ahí arriba. “¿Pero dónde?” Me volvió a preguntar con cara de incredulidad.

Efectivamente esa era una buena pregunta porque, en realidad, estos archivos se guardan en un lugar desconocido y remoto. Me volvió a interrumpir cuestionando lo siguiente: “Si es desconocido y remoto, quién te garantiza la seguridad y confidencialidad de estos archivos y documentos?”

Y esto me llevó a investigar más a fondo sobre la seguridad en la nube para encontrar las respuestas a las siguientes preguntas:

¿Están siempre los archivos a nuestra disposición?

Si. Cada vez que queramos acceder a ellos, sólo necesitamos una conexión a Internet y podremos trabajar en ellos, sin necesidad de descargarlos a nuestro disco duro.

¿Es oro todo lo que reluce?

Pues efectivamente no. Es un gran servicio que permite utilizar tus datos en cualquier dispositivo pero tiene un lado oscuro. La sociedad de la información nos está “educando” en delegar temas importantes a terceros y en trabajar cada vez con menos peso, de una manera más ligera. Imagínate que vas a la compra y te dan un carro pequeño y limitado. Esto hará que tengas que volver al supermercado más de tres veces para llenar la nevera. De repente, cuando estás haciendo la compra, viene un señor elegante con un carro inmenso y te dice: “No se preocupe, meta su compra en mi carro y ya se lo llevo yo a su casa”. Y encima, gratis.

¿Quién se puede negar a esto?

Eso si, el señor elegante te dice que en cualquier momento puede entrar en tu casa, comerse una galleta o beberse un gran vaso de leche. Este es el precio que hay que pagar. Todo lo que te lleva ese señor a tu casa, le pertenece a él, no a ti.

Entonces ¿Los archivos que tengo en la nube no me pertenecen?

A muchos de vosotros os sonará lo que ocurrió en Estados Unidos con el cierre de Megaupload. Si lo recordáis, las autoridades negaron el acceso a miles de personas al servicio, incluso demostrando que los archivos no infringían el copyright. Pero lo más sangrante del asunto, no fue que miles de personas perdieran sus archivos, sino que, según el gobierno, perdieron sus derechos de propiedad al firmar el contrato de prestación de servicios con Megaupload.

Pero, ¿esto te puede afectar a ti y a mi?

Si el gobierno llega con una orden judicial a la empresa que gestiona “tu nube y mi nube”… adiós información. Olvídate de lo que guardas. No es tuyo.

¿Ocurre lo mismo en todas las empresas que gestionan información en la nube?

Sin duda. Debes (debemos) tener presente que utilizando Dropbox, Google Apps o iCloud te podrá ocurrir lo mismo.

¿Qué te recomiendo hacer si utilizas la nube?

  1. No pierdas de vista lo que subes a la nube y, sobre todo, sube y piensa qué es lo que puedes perder.
  2. Haz una copia de seguridad de absolutamente todo lo que tengas en la nube.
  3. Piensa siempre el papel que, en un momento dado, pueden jugar los gobiernos con esa información. No vaya a ser utilizada de manera “inesperada”.